Gracias 2018

Gracias 2018

Aquí va de nuevo, otro año que se va.

Querido 2018, llegó el momento de despedirte. Dicen que no es bueno voltear para atrás, pero y ¿como podría darle la bienvenida al 2019 sin reflexionar antes sobre todo aquello que viví y aprendí contigo? Especialmente tú, que me enseñaste tantísimas lecciones de mil formas.

La verdad es que no sé ni por donde empezar, fuiste un año que dejó una huella profunda en mi alma, muchísimas enseñanza fuertes, situaciones amargas, algunos sinsabores, crisis emocionales, momentos de miedo y vulnerabilidad, pero sobre todo y ante todo la gran lección de que sin importar nada, Dios siempre camina a mi lado y convierte en bendición cualquier situación, por muy dolorosa o crítica que sea, y que la única condición para dejarlo trabajar en mi vida es solamente pidiéndoselo, confiando, soltando el control y siguiendo sus señales.

Gracias 2018, porque este año descubrí que los más grandes y brillantes milagros se encuentran escondidos en los túneles más obscuros y difíciles de afrontar. Y que todo, incluso cuando estás seguro de que nada tiene sentido, al final todo tiene una razón de ser.

Gracias 2018 porque me enseñaste que cuando me di permiso de hundirme en la más obscura y profunda depresión sin sentido, a un grado que jamás me imaginé que existía, resultó ser la medicina que mi alma necesitaba, para sanar las dos relaciones más importante que tengo, una conmigo misma y otra con mi papá.

Gracias 2018 porque una vez más me enseñaste a terminar de soltar. Cuando pensé que ya lo había soltado todo, me di cuenta de que me faltaba soltar lo último que creía que me daba seguridad y confianza. Mi cuenta de banco y mi carro.

Gracias 2018 porque otra vez repetí la lección y aprendí que a veces es mejor estar sola, esta vez lo intenté de diferentes forma, ahora creí que tener socios de una u otra forma era una buena idea, pero descubrí una vez más que a mi me funciona el ser libre y trabajar sola. Y que no hay dinero que valga ni despedida que duela con tal de volver a sentir Paz y Libertad en mi alma y en mi corazón.

Gracias 2018 porque me presentaste a gente MA-RA-VI-LLO-SA durante todo este año, gente de todo el mundo, amigos, proveedores, terapeutas, sanadores, gentes buenas y muchas almas dispuestas a dar, a enseñar y a guiarme cuando más lo necesito.

Gracias 2018 porque me ayudaste a cumplir mi sueño de conocer Bután. Un país completamente diferente a los demás, donde aprendí que las bendiciones se esparcen con el viento, y que la felicidad la encuentras incluso en el lugar más pobre, más aislado, más lejano, más frío y solitario.

Gracias 2018 porque me enseñaste a ver de nuevo, con los ojos del alma a mi papá. Porque regresó a ocupar su lugar de “mi Héroe”, después de más de 20 años de un largo y tortuoso camino de sanación, la incansable lucha conmigo misma de poder sanar añejas heridas terminó, y volví a conectar con él.

Gracias 2018 porque me diste la oportunidad de seguir teniendo entre nosotros a mi papá. Y una vez más la enfermedad del cuerpo me enseñó que a veces resulta ser necesaria para la sanación espiritual. Y que a las personas que amas se lo tenemos que demostrar y decir todos los días, y no cuando sea demasiado tarde.

Gracias 2018 porque me confrontaste con mis más obscura y terrible sombra, para verla de frente, al desnudo y sin tregua. La arrogancia, la soberbia, la desesperanza, falta de humildad, la falta de compasión, la parte que se compara, la parte que critica, la que se limita, la que quiere ser protagonista, la que cree que todo lo sabe, mi parte egoísta, que le da crédito al sacrificio, a la culpa, a la distracción y a la resistencia, y que solo quiere controlar. Solo para verla, abrazarla y aceptarla.

Gracias 2018 porque volví a sentir lo que es tener 0 pesos en la cuenta de banco y una enorme deuda bancaria por saldar, para volver a ponerme en los zapatos de quiénes no tienen nada, y para ayudarme a valorar absolutamente cada regalo que la vida me da, cada plato de comida, cada cama en la que duermo, y cada techo en donde vivo.

Gracias 2018 porque cuando pensé que mi yo arrogante le ayudaba o le regalaba algo a alguien, era más bien yo quien recibía la ayuda del cielo, para darme cuenta de que más bien soy yo la que tenía que trabajar la humildad.

Gracias 2018 porque de maneras muy sutiles constaté que efectivamente la forma en cómo me tratan los demás es un reflejo de cómo me trato yo a mí misma. Y que no hay ninguna víctima, ni ningún culpable en ningún lado.

Gracias 2018 porque aunque parece que fuiste un año difícil, con muchos altibajos y con muchos retos, me quedo con lo más sagrado, que es que nunca estoy sola y que siempre puedo confiar en mí misma, en mi familia, en el Universo y ante todo en Dios.

Que todas las lecciones aprendidas del 2018, se conviertan en las suaves y amorosas prácticas del 2019.

Que el 2019 sea un año de compartir todos nuestros dones de luz, suavidad, amor y paz.




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